Las metas educación pública son las de la Nación

Deben superar y no estar por debajo ni a nivel de la educación privada

 

Según las informaciones, durante la apertura del año escolar 2004-2005, el ciudadano Presidente de la República expresó que en su gestión se empeñará en elevar o llevar la educación pública al mismo nivel en que se encuentra la de carácter privado.

Esa es una aberración neoliberal, puesto que las metas de la educación pública son las metas nacionales, y no las del sector privado. Las metas de la educación pública y nacionales han de sobrepasar y superar a las del sector privado y no estar por debajo ni al mismo nivel que el de éstos, si no por encima.

Eso por lo menos, que ha sido informado a la opinión pública, ha de ser motivo de interés por cuanto en ello hay de por medio varios aspectos que han sido de nuestra preocupación y alarma, como es el caso de la deserción de las autoridades gubernamentales que ostentan el Poder del Estado dominicano respecto a la obligación de la educación pública gratuita por parte del Estado para todos los ciudadanos hasta concluir el bachillerato.

Esa deserción inaceptable no sólo es propiciada por el neoliberalismo que pretende convertir en negocio hasta el oxígeno que existe en el aire de la atmósfera, sino que se acrecienta y se implementa con la actitud ruin y cobarde de quienes, siendo llevados por el voto de la población a poseer en sus manos las riendas de la conducción del Estado, una vez en el Poder traicionan al pueblo que los ha elegido y se venden a los círculos privilegiados neoliberales, en nuestro caso presente, por ejemplo en el área educativa, y transgreden hasta la experiencia histórica acumulada a través de la lucha y transmitida como un legado de herencia cultural que establece que ningún Estado nacional puede colocar ni siquiera un instante insignificante, como sería un segundo o un minuto, la educación en manos del llamado sector privado, que no es más que un disfraz o eufemismo para proteger a los capitalistas. Ni aún los humanistas burgueses y educadores burgueses más calificados han accedido a esa infame salida que pagan a un precio demasiado elevado los países y sociedades que cometen esa afrenta. Este sería el caso de un Pedro Henríquez Ureña que precisamente consignó: El empresario no puede dirigir la academia.

La República Dominicana en el período 1996-2000, durante la primera gestión gubernamental de Leonel Fernández, fue víctima de una desaprensiva política gubernamental de colocar una empresa capitalista como padrino de una o varias escuelas públicas, que no era más que una aberración neoliberal en sus mil y una triquiñuelas de aniquilar el papel insustituible del Estado en la sociedad dividida en clases como es, ha sido y será por mucho tiempo la sociedad dominicana.

Los gobiernos reaccionarios y antinacionales, como lo fue el del criminal dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, siempre han propiciado el que el Estado no asuma la responsabilidad directa de la educación tanto escolar, académica, como social y de carácter cívico a la población, pues son conscientes de que un pueblo educado y compenetrado de las normas cívicas es un pueblo que no soporta el absolutismo, la barbarie, el despotismo, la arbitrariedad, el crimen ni el cercenamiento de las libertades públicas, cuyo ejercicio es el vivero donde se cultiva el verdadero Estado de Derecho.

Por ello rueda fácilmente por el suelo la falacia creada con toda perversidad por Juan Emilio Bosch y Gaviño de que el dictador Trujillo fue un nacionalista, aún más el ejemplo del nacionalista, así como que supo gobernar puesto que se mantuvo 31 años en el Poder y, como es natural, sin importarle que así como convirtió el país en una colonia de sus amos norteamericanos de quienes el dictador no era más que un sirviente capataz a sus servicios, por el otro lado enajenó al Estado nacional dominicano la educación pública, la que en el 1954 con la firma ilegitima del infame Concordato colocó la educación pública en manos no del Estado dominicano, sino de la Iglesia Católica, los curas y el Estado colonial oscurantista del Vaticano que, por obra del mismo adefesio monstruoso que es esa infamia tan criminal y oscurantista como enajenante, en su artículo No. 2, le otorga personalidad jurídica internacional, equivalente en sentido político práctico a soberanía internacional mediante la que la Iglesia Católica y sus miles de negocios e instituciones son equivalentes a delegaciones diplomáticas cuyas propiedades y hasta los terrenos son propiedad del Estado Vaticano y la Iglesia Católica, S. A., o como llaman a esta última cínicamente Santa Sede.

Operando sobre esta dolorosa y trágica realidad, al infame baldón de que sobre la educación pública pesa el control oscurantista católico vaticanista, Leonel Fernández le agregó el del padrinazgo del empresariado lacayo y explotador y hasta de los mismos consorcios imperio-capitalistas y monopolistas, como se comprobó en el caso del Liceo Juan Pablo Duarte con el padrinazgo bochornoso de Codetel hoy Verizon.

Aún más, Leonel Fernández ha dicho que elevará el nivel de la educación o escuela pública hasta el de las escuelas privadas. Y eso de por sí es el fruto de una percepción total y absolutamente aberrada y distorsionada de su parte.

Respecto al real papel y a la función histórico-social del Estado y la educación, en particular de la llamada escuela pública, hay que consignar que el Estado de una nación y sus fines en todos los órdenes, como en el de la educación y el de la escuela pública, no puede tener ni igual ni como común denominador la llamada escuela privada de los círculos capitalistas, como las metas del Estado Nacional no pueden tener como rasero y fin último el interés de los capitalistas, o sea de los sectores burgueses a los que eufemísticamente, tal vez por tener clara la catadura infame que de por sí ostentan ésos, no quieren o no se atreven a llamarlos por el término concepto que les designa científicamente y que no es otro que el de la clase capitalista.

La educación nacional debe estar regida por el Estado Nacional y no se puede colocar en manos de ningún sector privado en particular ni de ningún país extranjero o institución religiosa, puesto que toda religión y toda iglesia rechaza que la práctica y el desenvolvimiento de ésta sobre la realidad material es lo que se ha de conocer y enseñar en las escuelas ya sea como ciencias naturales y matemáticas, como ciencias sociales y económicas y como ciencia de la filosofía o de cultura en general. En tanto que la iglesia y las religiones insisten en la difusión e imposición de hipótesis y supuestos fantásticos e imaginarios no comprobados, comprobables ni demostrables, de ahí que no puedan impartir verdadera enseñanza ni una sana educación acorde con la ciencia y la tecnología y como la Iglesia Católica, S. A. es una representación y prolongación directa del Estado Vaticano, S. A., que no ha de tener ni tiene en realidad nada común que no sean las relaciones de nexos parasitarios del Vaticano vía la Iglesia Católica, que actúa como un gran vampiro o legiones de sanguijuelas chupándole la sangre y la vida al país dominicano y al pueblo dominicano, tampoco puede ser la responsable de la educación en general de la nación-pueblo dominicanos ni la rectora de la escuela pública.

Los fines del Estado nacional y de la educación nacional y de las escuelas públicas van mucho más allá de los fines mágico-religiosos de la Iglesia Católica, S. A. y rebasan a una distancia superior a la que hay de la Tierra al sol los fines egoístas y mezquinos de los grupos explotadores burgueses y terratenientes, de ahí que sea tan dañina la tutoría tanto de la Iglesia Católica como de los capitalistas sobre la educación nacional y las escuelas públicas, como peor sería el resultado de una tutoría que encarne el maridaje de la Iglesia Católica y de los capitalistas puesto que el daño sería doble o triple.

De ahí que lo de Leonel Fernández, aunque reconoce de su fracaso anterior, se queda bien corto de lo necesario.

 

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